LA AMISTAD, REFUGIO DE LAS RESPONSABILIDADES
La amistad es un refugio para las responsabilidades de la
vida cotidiana. Con los hijos, hacia los padres, con los compañeros de trabajo,
incluso con los hermanos, la responsabilidad en esos roles está siempre
presente. En la amistad no, uno puede estar, escuchar, dar una mano; pero nada
de eso tiene que ver con la idea de responsabilidad. Por otro lado, en este
vínculo se puede prescindir de los proyectos. Uno puede ser amigo de alguien
por cincuenta años sin tener ningún tipo de proyecto en común más que comer
asado una vez por mes.
Es verse, hablar pavadas y cosas serias asociadas a los
dolores de la vida también, y no hace falta más nada. La amistad construye
identidad, sí: somos nuestros amigos, estamos hechos un poco de ellos, y ellos
de nosotros, ya que son nuestros pares, que comparten toda una serie de
códigos, gustos e intereses en común como iguales generacionales. La familia
primaria sin duda que es la que más moldea nuestra personalidad y carácter;
pero es la amistad la que termina ese proceso (en muchos casos los amigos nos
salvan la vida si hubo una familia primaria muy negativa), la amistad puede
alquimizar y metamorfosearlo todo.

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